martes, 15 de noviembre de 2011

El arte de errar

Por más que intentemos sonreír, una lágrima derramaremos siempre en aquellos momentos en los que el corazón no tiene fuerzas para latir y la cabeza solo piensa en querer desconectarse para siempre, dejando de emitir esas hondas que nos han llevado a este trágico error.

Sin querer cometemos errores, pero ¿que se denomina por error? ¿Aquello que no nos satisface? ¿Aquello que no satisface a los demás? O ¿aquello que se denomina de por sí como lo incorrecto? La raíz del problema no es el problema en sí, sino el cómo hemos llegado a cometer el problema, los factores que nos han dado el jaque mate en nuestra partida. Odio, amor, celos, mentiras, sueños, fantasías… todas estas palabras significan algo para cada uno de nosotros, en muchos casos, cada palabra equivale a un nombre, a una persona… y en ocasiones, todas ellas equivalen a solo una palabra que las abarca todas, donde, trágicamente, el amor es el índice y el nombre de dicha persona es el primer capítulo de una obra que se irá escribiendo a base de nuestros errores y aciertos.

Error, acierto, error, error, acierto, error acierto, acierto, acierto, error… como una insolucionable ecuación, los errores y aciertos nos demuestran que nada mantiene en si una constante, y por tanto, dicha ecuación tiene como solución desde menos infinito hasta infinito, dejando el cero como el numero que da inexistente la ecuación, ya que si hacemos un acto cero, es decir, nada, no conseguimos ninguna solución.

Llegamos a la conclusión que cada problema, con soluciones buenas como el acierto, o malas como el error, llegamos a ellas haciendo una infinidad de actos dejando el acto de esperar y no hacer nada como una solución errónea, donde otros factores hacen que dicha ecuación nos sea arrebatada por otros. Pero como se ha mencionado antes, ¿como sabemos la denominación correcta de “error”? Edison no se equivoco antes de crear la bombilla, sino que creo mil maneras diferentes de cómo no hacer una bombilla. No erramos, nunca nos equivocamos, simplemente caminamos por caminos que nos llevan a un lugar diferente al que queríamos llegar, pero aun así, avanzamos. Avanzamos para continuar nuestro camino lleno de desvíos, oscuridad y adversidad para llegar a lo que al fin deseamos conseguir.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Como un sueño que se repite una y otra vez...

-¿Que dibujas?
-Nada…
-¿Es una mujer? Parece un ángel…
-Si… puede ser…
-¿Te has dado cuenta de que siempre dibujas la misma figura?
-Me sale sin querer cuando dejo la mente en blanco. Es como un sueño que se repite una y otra vez…
-ahh... Y ¿sabes quien es?

domingo, 13 de noviembre de 2011

Basta

¿Cómo aprender a escuchar la palabra “basta”? tal vez la aprendamos cuando nos miran fijamente mientras nos sermonean, o cuando nos regalan una mirada junto con una sonrisa en su boca y susurradamente nos lo dicen al oído… o quizás, cuando nos lo dicen antes de desaparecer de nuestra vida, dejando ese “basta” como la última palabra que escucharemos.

¿Cómo luchar por algo que quieres si no puedes, si te niegan el derecho de luchar y alcanzar lo que uno desea?… no se que hacer… no se hacia donde ir… he sido detenido por aquella palabra pero, a la vez, mi cuerpo no quiere obedecer, mi corazón ni se plantea detenerse al oírlo y mi mente… mi mente se plantea una y otra vez a quien hacer caso.

Podría continuar luchando, pero es imposible. Tal vez olvidar, pero también lo es. Me siento como aquellos caballeros que luchaban con valentía contra feroces dragones escamados por su amada, pero esta vez, la amada, poniéndole la mano en el pecho y diciéndole de corazón que lo ama, le dice que se detenga; lo ata a un árbol y continua su camino hacia las fauces del violento dragón, dejándome incapaz de hacer nada, maniatado, gritando desde la lejanía, observando como se aleja cada una de las partes que tanto ame… si pelo, su ojos, sus manos… hasta desaparecer, amada y fiera, en una nube de fuego, dejando un rastro de cenizas y muerte que no podre sacar de mis adentros…

¿Qué hacer cuando todo ha acabado, cuando consigo desatarme y todo ya es demasiado tarde? Mi espada aun enfundada, el metal de mi coraza aun brillante por las lagrimas derramadas sobre el yelmo… camino, pero no distingo el rastro… siento impotencia en mis manos, siento el dolor del no poder hacer nada… grito y miro a mi alrededor… colinas, montañas, mares, océanos… podría escoger cualquier dirección por intentar volver a verla, pero se, que al mínimo fallo, mi error se contara por cientos de kilómetros, quizá miles… no tengo tiempo.

Ensillo rápidamente mi caballo, mi único compañero… y marcho a galope en dirección al sol que ya se esta poniendo por las suaves colinas arboladas, desando que mi dirección no sea errónea, deseando, con el mas puro corazón, que sea mi camino correcto y recordando una y otra vez en mi mente la única frase que no me hace desfallecer “nunca será demasiado tarde”…



Sergio R.V.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Laberintos de cristal

Camino por una pradera verde, viendo todos los caminos que puedo escoger a mi alrededor. Caminos difíciles, caminos mas fáciles… todos son distintos de una manera diferente. Puedo escoger cualquiera pero se me hace imposible. Unas paredes invisibles impiden mi movimiento. Avanzo y choco contra una de ellas, giro a la derecha y a menos de diez metros me encuentro con otra, por el tacto descubro que ya no puedo avanzar mas, solo puedo continuar la pared hacia derecha o izquierda… continúo y vuelvo a encontrarme con la invisible pared. Choco una y otra vez, me siento encerrado. Conforme pasan las horas me doy cuenta que estoy en un laberinto. Un laberinto de paredes de cristal.

La yema de los dedos acaricia las paredes invisibles, son suaves y su grosor se me hace indistinguible a la vista. Las golpeo con más fuerza una y otra vez, ni se inmutan. Ni un muro soportaría la furia de mis puños, a ira de mis gritos, sin hacerse, ni siquiera, una pequeña incisión. Mis manos, sin embargo, están amoratadas, nudillos sangrantes, insensibles… caigo al suelo como si aquellas paredes me robaran toda la ilusión de mi cuerpo.

En el suelo, mi cabeza toca la tierra. Mis manos las paredes… intento cavar en la áspera tierra para poder escurrirme tras los muros pero es imposible. Continúan a través de la tierra como si nacieran del mismísimo núcleo terráqueo. Miro al cielo. Intento escalar las escurridísimas paredes pero caigo una y otra vez al suelo. No se me ocurre que mas hacer… solo espero que no haya una tercera pared sobre mi cabeza…

Por más que miro alrededor, no tengo ninguna posibilidad de avanzar al camino que quiero. Siempre una pared se me interpone y tengo que girar y dirigirme en una dirección opuesta… norte… este… sur… oeste… pierdo la orientación… solo puedo guiarme por el sol y las estrellas… pero que con facilidad las maldigo, al igual que las paredes.

Lo único que me arrebata la sonrisa es comparación de mi situación a un cubo de rubick, se cual es el final del juego, pero se me hace imposible hacerlo sin cometer ningún error. Se que caminare por estos pasillos acristalados durante una larga temporada, días, semanas, meses… y puede que incluso años… solo se que camino quiero escoger, pero se, que antes de llegar tendré que haber girado en dirección contraria.




Sergio R.V.

PD: hace tiempo que no escríbia... espero volver para quedarme

lunes, 9 de noviembre de 2009

GOSIRE capitulo 1

Nuestra historia empezó en el año 1349. La peste asolo Europa. La enfermedad contagiada por las ratas se extendía rápidamente en todas direcciones. Los muertos se amontonaban en las afueras de las ciudades para después quemarlos. El aroma olía a carne quemada, humana, cosa que era insoportable para la mayoría de la población. Es la época de la muertos, del miedo… y de los demonios.

Harold vivía en un pequeño poblado rodeado de nieve, aislada del mundo exterior, pero aun así, afectada por la epidemia. El sol ya se había puesto y Harold cuidaba de su madre. Su padre había desaparecido en la nieve, muerto seguramente por la epidemia o por el gélido frio o incluso por las bestias que vagaban entre los bosques de aquel valle. Su madre había caído enferma por la enfermedad, ya se le notaban las primeros síntomas y no podía moverse de la cama. Harold estaba solo en aquella gélida casa de piedra. Las paredes cubiertas de antiguos retratos, muebles viejos y telas mantenían el calor de su interior. El sonido del silencio reinaba en aquella casa infectada por la peste. Harold también había tenido una hermana, pero la enfermedad había acabado con ella ya que su edad era bastante temprana como para poder luchar un mínimo de días. Harold estaba al lado de su madre, no temía el caer enfermo, puesto que ya nadie le quedaba. Su madre tosía, y en su cuello empezaban a formarse bultos negros por la peste. De pronto un ruido estremeció los oídos del joven. Lentamente se levanto y junto a los oídos de su madre le hablo lentamente.

-No se preocupe madre, ahora vuelvo. Su madre estaba dormida, ya le quedaba poco. Lentamente se fue dirigiendo hacia el pasillo. El joven, de delgadez considerable producida por la falta de nutrición mantenía en su mano un viejo candelabro encendido. Sus pasos eran lentos. Toda la casa estaba cerrada y era imposible que algo se hubiera caído por el viento ni por ningún animal, ya que no tenían ninguno. Antes tenían un gato pero una noche desapareció. Fue antes de que toda la epidemia llegara y empezara con la matanza, como si un presentimiento hubiera alertado a aquel gato de que la maldición de los hombres se acercaba, como solía llamarla el eclesiástico del pueblo. Estaba aterrado. En realidad no tenía motivos para estarlo, puesto que ya nada le importaba, su familia estaba a punto de morirse por completo y se quedaría solo. La imagen de Adelheid pasó por su mente. Adelheid era una chica de considerable belleza que vivía por el pueblo, y Harold la amaba. Lentamente se dirigió hacia donde había provenido el ruido. Nada. De pronto noto una presencia tras el. Unos ojos se iluminaron en su espalda y de la oscuridad aparecieron unos colmillos que mordieron en milésimas de segundo el cuello del muchacho. Lentamente el joven perdió el equilibrio y la figura que ahora la estaba devorando lo sostenía mientras lo dejaba lentamente en el suelo. Aquella sombra era una mujer, joven de cabellos dorados. La vida del joven se desvanecía a la misma velocidad que la vida de su madre. Ambos murieron la misma noche pero con detalle distinto, su asesino.

domingo, 29 de marzo de 2009

inmortal...

Eternidad... permaneceré aquí por toda la eternidad, en vida, en recuerdos... mas ¿qué me sirve esto? puesto que el resto de las personas serán devoradas por el cruel y sanguinario diablo del tiempo; y el polvo... será volado por las olas de viento de los siglos.

Podre ver cómo cambia la humanidad, como se destruye, como renace, como crece... podre caminar por distintos parajes mas no habrá riesgo que me preocupe, pues sangre ni corazón poseo. No tengo miedo porque no puedo tener un final en este mundo... miento, si que temo... temo a la soledad. Aquella sombra que siempre me persigue, devorando todo por lo que paso.

Un dios, una divinidad... vivir continuamente sin muerte se denomina milagro, mas no lo es... es un castigo, es una obra dramática, trágica, llena de muerte y oscuridad. ¡Pobres de nosotros los dioses que no podemos morir! ¡Pobres nosotros los eternos vividores puesto que no podemos sentir! ¡Amar! porque al paso del tiempo... envejecerán y morirán...

Os hablo desde las sombras, os hablo desde la eternidad. Vivir y aun más feliz morir. A mí me han negado tal placer, a mi han castigado a vivir y recorrer las edades del hombre. De principio a fin... desde el primer hombre que nació... y ultimo que muera...

dios me ha castigado... no morir no puedo... mi alma no resurgirá... muchos han pactado con el diablo y le han vendido su alma por toda la eternidad... haciendo que vivan solo por la noche y ayudando a extender la velo oscuro del diablo cazando humanos de noche y saciándose de su sangre... bestias... mas no caeré.. ¡No caeré en tal inmundicia! luchare aunque mi alma inmortal no encuentre la luz... pero así conseguiré que las débiles almas humanas no encuentren la oscuridad...

Este es mi castigo, esta es mi lucha... esta es mi vida.

sábado, 14 de marzo de 2009

belleza...

Anoche, mientras caminaba sin rumbo fijo, alguien paso a mi lado… me fije en ella. Tal vez sería la mujer más bella que yo haya podido ver, soñar… o imaginar.

Con pasos ligeros pero marcados caminaba. Su pelo largo y negro ondulaba al son del viento. Sus ojos, marrones acentuados de un color verdoso brillaban entre las miles de las luces de la ciudad. Su boca, pequeña y sensual convertían en todas las palabras que ella decía en un fino canto. Su nariz, belleza donde las haya, conformaba el más bello retrato dibujado por la naturaleza. Sus manos, pequeñas y finas. Su cuerpo; sus curvas perfectas, alineaban el borde de la belleza celestial con la terrenal. Quien sabría decir si aquello que paso a mi lado era una simple ilusión, un mero sueño… o simple recuerdo.